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Las luces de la sala de cine se apagan y un murmullo de expectación recorre las butacas. Tras el monumental éxito del reinicio de Superman el año pasado, el estreno de la película Supergirl (2026) en la pantalla grande no es una función cualquiera; es la verdadera prueba de fuego para el nuevo universo cinematográfico de DC. Pero desde los primeros minutos bajo la dirección de Craig Gillespie, queda claro que esta no es la típica historia del héroe virtuoso y resplandeciente. Esta es una odisea espacial sucia, herida y fascinante.
Una Kara Zor-El marcada por el trauma y la rabia
La pantalla se inunda de un cosmos vibrante pero implacable, inspirado directamente en las viñetas del aclamado cómic Woman of Tomorrow de Tom King. Aquí no vemos a una heroína asimilada a las costumbres terrestres. La Kara Zor-El interpretada magistralmente por Milly Alcock carga con el trauma vivo de haber visto su planeta estallar.
Alcock, con esa mirada desafiante que ya le conocíamos, se desmarca de inmediato de la sombra de su primo Clark Kent: su Supergirl es cínica, fuma, bebe para ahogar las penas bajo un sol rojo y arrastra una rabia contenida que se siente en cada plano de la cinta.
Un western espacial: La trama de venganza en el cosmos
La narrativa arranca con fuerza cuando los caminos de Kara y Krypto, el superperro, se cruzan en los confines de la galaxia con Ruthye (Eve Ridley), una joven alienígena consumida por el deseo de vengar el asesinato de su padre a manos del despiadado Krem (Matthias Schoenaerts).

Lo que sigue es un viaje interestelar que adopta la estructura de un western espacial crudo. La química entre Milly Alcock y la pequeña Ridley es el verdadero motor emocional de la película: una busca justicia; la otra, una razón para que vuelva a importarle el universo.
Lo mejor de Supergirl: La irreverencia de Lobo y un apartado visual lisérgico
El ritmo de la función se quiebra de forma espectacular con la irrupción de Jason Momoa como el cazarrecompensas Lobo. Su entrada en escena desata carcajadas y vítores en la sala de cine. Momoa mastica cada línea de diálogo con una irreverencia salvaje que equilibra a la perfección el tono melancólico de la cinta.
A nivel técnico, estos son los puntos más destacados que convierten a la película en una experiencia imperdible:
- Milly Alcock: Entrega una actuación magnética, visceral y completamente alejada de los clichés de los superhéroes tradicionales.
- Jason Momoa como Lobo: Se corona como el gran acierto cómico e irreverente de la historia, robándose cada escena en la que aparece.
- Estética visual impactante: Craig Gillespie se apoya en la fotografía de Rob Hardy para regalarnos paisajes espaciales lisérgicos, donde los cielos de planetas extraños brillan con colores saturados ideales para las pantallas IMAX.

Conclusión: ¿Vale la pena ver la nueva película de DC?
Cuando caen los créditos finales acompañados por la hipnótica banda sonora de Claudia Sarne, la sensación general es de completa satisfacción, aderezada con intensos debates entre los asistentes. Supergirl (2026) no busca complacer a todo el mundo ni encajar en el molde pulido del blockbuster veraniego tradicional. Es una obra con personalidad propia, imperfecta pero audaz, que consolida a Milly Alcock como el nuevo gran pilar de DC Studios. La prima de Superman ha reclamado su propio firmamento, y el viaje apenas comienza.
¿Y a ti qué te pareció el debut de Milly Alcock como la superheroína? Déjanos tus comentarios y no te pierdas más análisis de cine en Geekzilla.tech


