La digitalización de pagos en México avanza y es inevitable. Y aunque no vamos al mismo ritmo que países de primer mundo, cabe mencionar que el tema del papel dinero, el efectivo, sigue siendo y seguirá siendo muy utilizado en nuestro país.
En una conversación con Martín Espinel, VP Comercial de Auriga, quedó claro que la discusión sobre el futuro de los pagos ya no se reduce a un dilema entre lo digital y el efectivo, sino a cómo integrar y optimizar ambos mundos. Frente a la creciente digitalización, Espinel subraya que “la digitalización financiera no necesariamente elimina la necesidad de efectivo. Lo que vemos en México y Latinoamérica es una convivencia entre distintos métodos de pago, lo que obliga a los bancos a operar ecosistemas híbridos.” Para él, los cajeros automáticos siguen siendo “un activo crítico” que demanda optimización constante, visibilidad operativa y administración basada en datos.

La conversación se adentra en el papel transformador de la analítica predictiva dentro de la operación ATM. Según Espinel, hoy esta disciplina “tiene un rol central”. Los modelos predictivos permiten analizar comportamiento histórico, consumo por ubicación, temporalidad y demanda esperada. Esto “permite anticipar necesidades de abastecimiento, automatizar decisiones operativas y reducir ineficiencias asociadas a exceso o insuficiencia de efectivo en la red.” El objetivo, explica, es pasar de esquemas reactivos a “modelos donde los datos impulsen decisiones operativas con mayor precisión.”
¿Es seguro utilizar los cajeros?
El panorama de amenazas que rodea a los cajeros automáticos también ha evolucionado. Lejos de ser entornos aislados y tradicionales, los ATM forman parte de infraestructuras interconectadas que combinan hardware, software, redes y aplicaciones con ciclos de vida largos. Espinel advierte que esto “amplía la superficie de exposición” y enumera riesgos actuales como malware, intentos de acceso no autorizado, manipulación de aplicaciones y vulnerabilidades heredadas. Por eso, la protección “ya no puede depender de mecanismos aislados; requiere capas integradas de seguridad, monitoreo constante y administración centralizada.”

Mantener una red ATM disponible las 24 horas implica diseñar la resiliencia desde la base. Para Espinel, la disponibilidad permanente “no es solamente un atributo de servicio, también es un requisito tecnológico.” Esto demanda herramientas que supervisen dispositivos, apliquen controles sobre la ejecución de software, protejan entornos heredados y mantengan capacidad de respuesta ante incidentes sin comprometer la continuidad. La meta, puntualiza, “no es únicamente bloquear ataques, sino preservar estabilidad, disponibilidad y confianza operativa.”
La automatización aparece como la palanca que puede transformar la gestión del efectivo. Al incorporar monitoreo, validación, autoaprendizaje y supervisión continua, los bancos pueden optimizar logística, mejorar previsibilidad y reducir costos asociados al transporte, seguros o sobreabastecimiento. En palabras de Espinel, la automatización convierte “operaciones tradicionalmente manuales en procesos más inteligentes, dinámicos y medibles.”
¿Una evolución de los cajeros?
Mirando hacia adelante, Espinel proyecta una evolución donde los cajeros dejarán de ser dispositivos aislados para integrarse en “ecosistemas más conectados, administrables y orientados a inteligencia operativa.” Anticipa mayor adopción de automatización, modelos predictivos, protección multicapa y plataformas que centralicen gestión, monitoreo y seguridad. “El ATM seguirá evolucionando,” concluye, “no como un dispositivo aislado, sino como parte de una infraestructura financiera más amplia donde eficiencia operativa, ciberseguridad y continuidad del servicio deberán coexistir bajo una misma lógica tecnológica.”
La entrevista con Martín Espinel deja una lectura nítida: modernizar la infraestructura de efectivo no es una contradicción frente a la digitalización, sino una condición para que todo el sistema financiero funcione con mayor eficiencia y seguridad.


